miércoles, 5 de marzo de 2014

Carnaval, carnaval

El Carnaval es una celebración de carácter universal. Personas de numerosos países y comunidades se visten o disfrazan de algún modo especial en una fecha indeterminada dentro del mes de febrero, siempre unos dí­as antes del miércoles de ceniza cristiano. Es una fiesta con la característica común de ser un momento de cierta permisividad y descontrol. Jornadas en las que las tradiciones más ancestrales se mezclan con las celebraciones más "mundanas".


Uno de los disfraces tradicionales del Carnaval de Bielsa (Huesca)

 Aunque hoy se une íntimamente a la celebración de la Cuaresma cristiana, su origen parece provenir de fiestas paganas como las que se celebraban en honor de Baco, el dios del vino y la fiesta romanas. De hecho, muchos historiadores relacionan estas fiestas con las bacanales de aquel tiempo. En las sociedades fuertemente influenciadas por un represivo cristianismo, el Carnaval suponía un lapso de permisividad frente a la represión de la sexualidad y a la severa formalidad litúrgica de la Cuaresma.

La característica principal y compartida de la inmensa mayoría de las fiestas de Carnaval en todo el mundo es el disfraz o la mascarada. La norma es la de disfrazarse, la de cambiar de personalidad por un día u ocultar la identidad habitual, quizá como la mejor forma de desinhibirse. A partir de aquí existen multitud de peculiaridades que diferencian las celebraciones de cada lugar del mundo y de España.


Uno de los espectaculares trajes de fantasía de los carnavales en algunas islas de Canarias.


Esas peculiaridades que diferencian las fiestas son, en muchas ocasiones, de origen ancestral. Los disfraces tienen que ver con la tradición más arraigada, con las leyendas típicas o con la forma de vida del lugar. En España existen muchas formas distintas de celebrar el Carnaval, y algunas de estas celebraciones son de especial interés turístico por su originalidad, más allá de la fiesta y el disfraz. Entre las más destacadas están los espectaculares carnavales de Santa Cruz de Tenerife, con características muy similares a las de los masivos y fastuosos carnavales de Río de Janeiro. También los de Cádiz, con sus graciosas chirigotas, o los de la zona pirenaica, con sus personajes tradicionales. En otros lugares las fiestas de carnaval se mezclan con otras celebraciones unidas a la historia y la propia tradición de las poblaciones. Es el caso de la fiesta de los Indianos, en Santa Cruz de La Palma o la fiesta del Pero Palo en la localidad cacereña de Villanueva de la Vera.


Cartel de la fiesta de este año en Villanueva de la Vera, siempre por carnaval.


Sea como sea, la cuestión principal siempre es la de divertirse y de salir de la rutina. Y, por supuesto, disfrazarse, ya sea con un traje barato de grandes almacenes por 15 euros, con el que cuesta meses de preparación y mucho dinero de inversión, o el del personaje que marca la tradición más arraigada.


domingo, 26 de enero de 2014

Tiempo de roscones

Estas son fechas de roscones. Desde el dí­a de Reyes, cuando el roscón es un elemento habitual en los comidas de todos los españoles, se suceden celebraciones en las que éste dulce típico adquiere especial protagonismo. Nada o muy poco diferencia los roscones que se venden, regalan o reparten por el dí­a de Reyes, por San Valero, por San Blas o por la Candela. Y las diferencias que existen son más de carácter geográfico, debido a las propias tradiciones locales, que por la diferenciación del tipo de fiesta.


Uno roscón de nata, actualmente los más típicos.


Los hay más o menos pequeños. Son exclusivamente de masa o acompañados de nata o trufa. Porque lo que tienen los roscones de este tiempo, gracias a la amplia oferta de establecimientos que los realizan, es que también pueden encargarse al gusto. Y no por añadir innovaciones dejan de ser roscones típicos.

Cuentan en los establecimientos reposteros más antiguos, que antes los roscones no llevaban la nata que hoy parece fundamental. De hecho, todavía se venden muchos exclusivamente de masa. De la masa que se crea con harina, agua, levadura, agua de azahar y esencia de naranja, y luego se decora con guindas y frutas.

Eso sí­, pocas veces falta la sorpresa. Generalmente son pequeñas figuras decorativas, susceptibles de ser convertidas en juguete, que se esconden entre la masa o la nata. Un detalle que ayuda a convertir el hecho de comer el roscón en una fiesta.


Un roscón con algunas de las sorpresas que suelen aparecer dentro.


En Zaragoza ya se están preparando para disfrutar del roscón en la festividad de San Valero, el próximo 29 de enero. Este es el postre típico, por no decir único, del patrón de la ciudad. Y en la celebración, que incluye actos como las puertas abiertas de las instalaciones municipales, el pasacalles de la comparsa de gigantes y cabezudos o un buen número de conciertos en las calles y plazas de la ciudad, no falta la degustación de un roscón gigante en la Plaza del Pilar.


Zaragozanos comiendo parte del gran roscón que
se reparte en la Plaza del Pilar por su patrón San Valero.


martes, 14 de enero de 2014

El fuego es monumental en Castelserás


Si la hoguera que se quema en la localidad turolense de Castelserás para celebrar la festividad de San Sebastián se conoce como monumental es porque realmente merece ese nombre. Sus dimensiones son más que apreciables, generalmente alrededor de 13 metros de diámetro y entre 6 y 7 de altura. Los tocones y las ramas cubren la mayor parte del tronco de chopo de unos 20 metros que le sirve de base. Es precisamente alrededor de este chopo o álamo donde comienza una fiesta que cuenta con su propia liturgia y que ha sido declarada de Interés Turí­stico en Aragón.

Porque la fiesta de la hoguera de San Sebastián de Castelserás no comienza en el momento en el que se le prende fuego, invariablemente la noche del 19 de enero, ví­spera del dí­a del patrón. Aunque ese es
el momento más espectacular, con las llamas superando los tejados de una plaza pequeña que por momentos se convierte en un horno, es en realidad sólo el principio del final de un tradicional proceso festivo.


Todo comienza con la búsqueda y la tala del árbol que va a servir de base y su posterior plantada en medio de la Plaza de España. Un dí­a muy especial en el que ambos procesos se convierten en motivo de convivencia de los vecinos, y que tiene lugar dos fines de semana antes de la fiesta de San Sebastián.

Tras la ya emocionante llegada del tronco tirado por caballos, después de la misa dominical, se produce la plantada del chopo. Para ello todo el pueblo se distribuye en distintas tareas, en contacto con el tronco o tirando de alguna de las sogas que se tensan desde los balcones, al ritmo que marca a grito pelado uno de los­ presentes. El tronco de casi 20 metros sube poco a poco hasta alcanzar la verticalidad, en un ritual en el que parece que cada castelserano sabe ya su papel.


Aunque hoy en dí­a es un factor que ya no se cumple a rajatabla, en construcción de esta hoguera sólo deben participar los casados. Los solteros ya tienen su propia hoguera en otra plaza en la ribera del río, quizá no tan famosa pero igual de importante en el ritual. Se quema el sábado anterior a la fiesta de San Sebastián y comienza a construirse justo después de que los casados hayan levantado el 'álamo' de la hoguera monumental. Así­ que no hay que irse de la plantada del chopo sin participar también de este momento.

Antes de la quema de la hoguera monumental se celebran otros actos tradicionales, como el desfile de carrozas o el canto de las llamadas 'completas' durante los oficios religiosos. Así­ pasa el dí­a hasta las 22.15 horas, cuando la llamada 'cercavilla' que compone la charanga, las reinas de las fiestas y las autoridades trae el fuego hasta la base de la impresionante pira. Cuando el fuego toma contacto con las ramas y éstas comienzan a arder, suena una melodí­a con la que se anima a la población a bailar el 'rodar'. Son unos pasos repletos de historia y significado, con los que los más valientes rodean la hoguera mientras las llamas toman fuerza.


Es entonces cuando los visitantes descubren el mérito que tiene rodear la hoguera. Y es que el ambiente se torna insoportable en pocos minutos. El calor llega al extremo, obligando al público y participantes en el evento a echarse para atrás irremediablemente. ¡Así­ que cuidado con ese calor que quema si se colocan en las primeras filas!